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viernes, 3 de enero de 2014

¿Qué fue de los eurobonos?



En el transcurso de la presente crisis hemos visto como países que en un principio contaban con cuentas públicas saneadas tuvieron que hacer frente a los problemas derivados del colapso del sistema financiero, sobre endeudándose y quedando expuestos a un círculo vicioso mercados financieros-mercado de deuda soberana que se retroalimentaba.
El 21 de noviembre de 2011 la Comisión Europea propuso la emisión de eurobonos como una medida de estabilización eficaz para hacer frente a la crisis de deuda soberana, lo que fue apoyado con la publicación del libro verde sobre la viabilidad de la introducción de bonos de estabilidad.
La propuesta de la Comisión, que llegaba tarde, lo hacía en un momento en el que los países más afectados por las presiones del mercado de deuda soberana veían como las condiciones de financiación se endurecían.
La lógica de los eurobonos es que la mutualización de la deuda hará que todos los países de la zona euro tengan las mismas opciones de financiarse en los mercados de deuda soberana, independientemente del estado de sus cuentas públicas, lo que supone una relajación de las condiciones de financiación de los países en dificultades.
La Comisión ofrecía tres opciones de eurobonos en su libro verde: la primera de ellas es la plena sustitución de los bonos nacionales por bonos europeos con garantías mancomunadas y solidarias, esta solución es la más efectiva desde el punto de vista de la financiación; la segunda opción es una parcial con garantías mancomunadas y solidarias -sistema conocido como bonos rojos y bonos azules-; la última opción, la opción menos efectiva desde el punto de vista de la financiación de los estados, es una sustitución parcial con garantías mancomunadas pero no solidarias.
La propuesta de la Comisión tuvo el rechazo de Alemania en cualquiera de sus tres opciones, que sólo estaría dispuesta a discutirla tras un proceso de integración de varios años. Uno de los principales motivos para el rechazo es el “riesgo moral” que se supone que los estados puedan incurrir en déficits y no preservar su estabilidad presupuestaria, lo que iría en perjuicio de los estados que si la mantuvieran.
Para evitar este “riesgo moral” se dio prioridad a las políticas de coordinación fiscal, al pacto de estabilidad y crecimiento, al procedimiento de déficit excesivo, y al pacto fiscal; en lugar de atacar el principal problema al que se enfrentaban los estados y que dió lugar a la llamada crisis del euro, el coste de la financiación. Sin embargo, el “riesgo moral”, que sirve como excusa para la no mutualización de la deuda de los estados, no se tuvo en cuenta a la hora de aplicar otras políticas: el rescate bancario, la barra libre para la financiación de los bancos, inyecciones de liquidez en el sistema financiero, etc.
Desde el inicio de la crisis la Unión Europea debió afrontar el problema de la financiación de los estados, dejando de lado sus prejuicios morales, toda vez que la aplicación de eurobonos no suponía que el resto de políticas de integración y estabilidad presupuestaria no se llevasen a cabo.
La Unión Europea debió (y debe) poner en práctica los eurobonos de forma urgente en su versión más efectiva para la financiación de los estados, ya que uno de los problemas del diseño actual del esquema de bonos soberanos es que el ahorro fluye incesantemente de los países con déficits elevados a los países acreedores, justo en la dirección contraria de lo que es necesario. Éste es, además, un paso imprescindible para desvincular la crisis financiera de los mercados de deuda soberana.
Durante la crisis del euro, los Estados con problemas de déficits elevados han soportado el alto coste de financiación junto con políticas de reducción de gasto público fruto de rescates que, sin embargo, no han mejorado la posición deudora de estos países, sino todo lo contrario, amén de causar un grave perjuicio sobre la población.
En definitiva, la situación de los países europeos con problemas de déficit se asimila a las cárceles para deudores de la época Charles Dickens, que daban al deudor pocas oportunidades de devolver lo que debía.

José González | @Jose_MGL | Economista
Publicado en debate21.es
1-”Libro Verde sobre la viabilidad de la introducción de bonos … – Europa.” 2012. 24 Aug. 2013 <http://ec.europa.eu/europe2020/pdf/green_paper_es.pdf>

sábado, 6 de abril de 2013

Deuda, déficit, prima de riesgo y otras excusas

Por lo general, todas las economías del mundo tienen un cierto nivel de endeudamiento público. Este nivel de deuda pública varía de país a país como podemos ver a continuación.
Deuda pública por país
Gráfico 1. Deuda pública por país.
Fuente: Eurostat 
En España la deuda pública (el 36,7% en 2007 y el 69,3% en 2011) es inferior a muchos países de la UE, como es el caso de países tan importantes como Alemania (80,5%), Francia (86,0%), Reino Unido (85,0%).

Existe cierta confusión en los términos déficit y deuda que nos llevan a sacar conclusiones inexactas. De una forma sencilla podemos entender el déficit/superávit como la velocidad a la que sale o entra dinero en tu bolsillo, y la deuda/activo, la cantidad de dinero que debes o tienes. 

Desde determinadas posiciones se nos dice que el estado debe gestionarse como una familia, es decir, que no se puede gastar más de  lo que se tiene. Sin embargo, desde una perspectiva personal, se puede pensar que en un momento determinado es positivo gastar más durante unos meses (financiando una inversión, formación, etc) para obtener un mejor salario en el futuro que hará que tus activos aumenten. Desde una perspectiva empresarial, puede ser igualmente positivo el que los gastos superen a los ingresos en un periodo determinado, por ejemplo, la inversión en I+D+i para conseguir una innovación determinada redundará en una mayor cuota de mercado en el futuro y en mayores beneficios empresariales.

Cuando desde las instituciones europeas y el FMI se pone el acento en la reducción del déficit, se están haciendo comparaciones únicamente en la cantidad que los gastos superan a los ingresos en un momento determinado, en términos de porcentaje del PIB. En ningún momento la evaluación va dirigida a calcular la capacidad de endeudamiento del país en cuestión ni el plan a medio/largo plazo que este país puede tener para enfrentarse a las dificultades actuales. Además, esta reducción rápida del déficit se realiza mediante políticas de recortes del gasto público (especialmente gasto social), lo cual provoca una caída de la actividad, del consumo, de los ingresos públicos, diluyendo así el efecto reductor de esta política, no así del sufrimiento de la población ya que sobre esta recae todo el peso de la crisis.

Por poner un ejemplo de alternativa a las políticas actuales de reducción del gasto público extremo para conseguir la reducción del déficit, un país puede decidir hacer frente a la recesión actual con un plan a largo plazo de 10 años, con políticas expansivas, que incentiven el consumo, la creación de empleo y el aumento de ingresos públicos debido a la mayor actividad productiva en detrimento de un aumento del déficit público y de su deuda pública a corto plazo. El aumento de la actividad y de la recaudación redundará en una disminución del déficit a largo plazo, combinado con medidas de eficiencia en el gasto y mejora de la recaudación.

Una vez la economía de dicho país ha despegado, se seguiría con el control exhaustivo del gasto público (que no quiere decir recortes en gastos sociales). Se ha demostrado que en épocas de bonanza la reducción del déficit es mayor debido al efecto multiplicador de la inversión.

Una de las objeciones a este tipo de políticas expansivas es la supuesta dificultad que están atravesando determinados países para financiarse en el mercado de deuda pública y la falsa creencia de que marcándose como objetivo único la reducción del déficit en un plazo muy corto estas dificultades desaparecerán. 

La experiencia en estos últimos años esta demostrando que las dificultades de financiación de determinados países en la zona euro no tienen nada que ver con su nivel de endeudamiento ni con el déficit público en un momento determinado, sino que más bien tiene que ver con la credibilidad de sus políticas (nacionales y europeas) para enfrentarse a un futuro de previsible recesión. 


Gráfica 2. Crecimiento vs Prima de riesgo en España
Fuente: Eurostat y El País
Desde el punto de vista de los inversores, su preocupación no es el nivel de déficit del país en cuestión, en un momento determinado, sino la previsión de que en un futuro puedan conseguir un retorno adecuado de sus inversiones. Un inversor vería con mejores ojos una política económica destinada al fomento del consumo y la demanda agregada (puesto que esto redundaría en su beneficio con mayores retornos de su inversión) que una política de austeridad extrema que condena al país a una caída importante del consumo y al inversor a un escaso, si alguno, retorno de su inversión.

Por lo tanto, llevando a cabo un análisis diferente de la situación, podemos pensar que hay alternativas a la política económica ejecutada por el gobierno en España e impuesta desde Europa, de reducción del déficit como única opción para la salida de la crisis.